Cómo sobrevivir al cambio de horario

El cambio de hora de octubre llega a España esta próxima madrugada, del sábado 29 al domingo 30, acompañado de las habituales tertulias sobre si realmente el ahorro energético justifica el reajuste del reloj al horario de invierno, si Baleares, Valencia y Galicia deberían tener horas distintas, según sale el sol allí, si hay colectivos de la población más perjudicados con el cambio o, el trasunto de todo esto, la famosa reforma horaria pendiente para acomodar la actividad laboral a los horarios europeos. Esta nueva cultura del tiempo en todos los sectores (administrativo, comercial, cultural, escolar…) recibe el apoyo del Parlament de Catalunya y Fabián Mohedano, promotor de la Iniciativa Per la Reforma Horària, sostiene que podría implementarse a partir de septiembre del 2018.

QUÉ HACER PARA QUE NO NOS AFECTE EL CAMBIO HORARIO

Si queremos habituarnos rápidamente a estos 60 minutos de diferencia de este fin de semana solo hay que “EXPONERSE A LA LUZ, que es la señal que tiene nuestro cuerpo para ponerse en hora”. Dos horas de sol al día bastan para regular las funciones básicas como los ciclos de sueño y vigilia, la producción de hormonas y vitaminas o la cantidad de glóbulos rojos. La luz -el sol, pero también el fluorescente de la oficina- controla la concentración de glucosa en la sangre -que no es igual de noche que de día- y nuestra temperatura.

Ahora, con el cambio horario de octubre, podemos alargar nuestro reloj biológico exponiéndonos más rato a leds, ordenadores y televisores antes de ir a dormir, pues nos desvelará. De todas formas, “nuestro organismo ya está capacitado para hacer este cambio por sí solo”. “Tenemos un reloj interno, en el hipotálamo, que nos va marcando la hora, y cada día se va reajustando respecto a la luz solar. Es un pequeño cambio diario”, dice el experto.

“Si queremos manipular nuestro reloj, la única herramienta eficaz que tenemos es la luz”, remarca Díez-Noguera, que recuerda que el resto de consejos son de Perogrullo. En resumen: “Llevar una vida lo más organizada posible, con ciclos repetitivos”, aconseja el catedrático.